MENSAJES DEL ISLAM


“LA AYUDA AL PROXIMO”

César Domínguez

Las siguientes citas son extraídas del valiosísimo “Contrato de Hermandad” de Imam al-Ghazali, el ilustre teólogo y pensador musulmán del siglo XII, y se encuentran en el capítulo sobre la obligación de perdonar los errores y flaquezas de los demás.  Que Dios bendiga a todos los grandes eruditos del islam que nos han enseñado la mejor forma de cultivar el carácter del verdadero creyente, siervo del Todo Misericordioso.

“La falla de un amigo puede ser de dos clases: por un acto que atenta en contra de la fe o por un acto que atenta contra ti, es decir, por una omisión en sus deberes de hermandad”.

“Si tu hermano altera y cambia su opinión, no le dejes a causa de ello, porque tu hermano a veces estará torcido y otras veces derecho”.

“Y no le digas a la gente el error de un sabio, porque el sabio puede cometer un error y después corregirlo”.

“La causa motivante en el lazo de hermandad es la asistencia mutua en la fe, en el diin”.

“La ternura, el consuelo y la benevolencia son más efectivos para inspirar el arrepentimiento”.

“El parentesco necesita afecto, mas el afecto no necesita del parentesco”.

“El afecto de un día es relación; el de un mes es parentesco; el de un año es un vínculo de sangre.  Si alguien lo destruye, Allah le destruirá a él”.

“No es censurable ni reprensible evitar iniciar relaciones de hermandad y compañerismo; pero interrumpir la continuidad de la hermandad está prohibido y es intrísicamente censurable”.

“Si tomas a alguien por hermano, no le pongas reparos a lo que tú desapruebas, porque quizás la respuesta que recibas va a ser peor que aquello de lo que te quejabas en primer lugar”.

“La paciencia con el daño causado por un hermano es mejor que reprenderlo a cambio, aunque la represión es mejor que la ruptura y la ruptura es mejor que la difamación.  Y si se llega a la dfamación, no debe haber demasiada malicia”.

“Perdono la falta del noble por humidad.  Ignoro el abuso del vil por nobleza”.

“Se dice que ‘Umar ibn al-Khattab se enteró en una ocasión que un hombre, a quien hubo tomado como hermano, había cometido grandes faltas.  Su manera de amonestarlo fue recordarle este verso del Qur’an:

“Desciende el Libro procedente de Dios, el Poderoso, el Omnisciente, el Perdonador de los pecados, el Receptor del arrepentimiento, Severo en el castigo…” (sura al-Ghaafir, el Perdonador, 40:2-3).

Recordarle esta cita del Qur’an fue su forma de amonestarle.  Su hermano lloró cuando leyó la carta, diciendo: ‘Allah dice la verdad y ‘Umar me aconseja sinceramente’.  Esto le hizo arrepentirse”.

“La hermandad, el compañerismo, es un lazo de carne, como los lazos de sangre, y no está permitido volver la espalda a un pariente o compañero a causa de una ofensa.  Así dijo Dios a su Profeta, que Dios le bendiga y le de paz, en relación a sus familiares:

“Si te desobedecen, di, Yo no soy responsabe de lo haceís” (sura al-Shu’araa, los Poetas, 26:216).

No le hizo decir, ‘Yo no soy responsable de vosotros’, en consideración al deber del parentesco y los lazos de consanguinidad”.

“A un compañero le preguntaron: ‘¿No aborreces a tu hermano cuando ha hecho esto y lo otro?’.  El replicó: ‘Sólo aborrezco lo que ha hecho; por lo demás, él es mi hermano’”.

Lo dicho anteriormente se refiere a los errores en el diin del hermano [es decir, a los actos que atentan en contra de la fe].  En cuanto a los errores en materia de hermandad, los cuales provocan alejamiento, el camino correcto es el perdón y la paciencia”.

“Se ha dicho que debes buscar setenta excusas para los delitos de tu hermano.  Y si tu corazón no acepta ninguna de ellas, debes culparte a ti mismo, diciéndole a tu corazón: ‘¡Qué duro eres!  Tu hermano presenta setenta excusas y todavía no le aceptas.  ¡Tú eres el que está en falta y no tu hermano!’”

“El cumplimiento del contrato de hermandad es obligatorio, una vez que se ha establecido.  El parentesco necesita afecto; pero el afecto no necesita del parentesco.  Por eso se dice:

‘El afecto de un día es relación, el de un mes es parentesco, el de un año es un vínculo de sangre.  Si alguien lo destruye, Dios le destruirá a él’”.

Indudablemente, es signo del verdadero creyente estrechar los lazos que lo unen a sus hermanos, a sus compañeros en la fe y en la devoción.  El Qur’an nos brinda múltiples consejos y lecciones  para hacer frente a las faltas de los demás, es decir, cómo reaccionar y accionar de la mejor forma no sólo para contribuir a la corrección del error mismo, sino también para servir con el mejor ejemplo que ayude al otro a reconocer la falla y corregir el camino.

“Buscad ayuda en la paciencia y la oración.  Ciertamente es difícil, excepto para los humildes” (Sura al-Baqara, la Vaca, 2:45)

El mensaje divino nos insta a ser pacientes y cultivar el buen carácter a través de la oración, es decir, a través de la constante cercanía al Creador.  Cualquier consejo, lección o asistencia que brindemos a los demás debe darse con humildad y respeto.

“Los siervos del Más Misericordioso son aquellos que caminan por la tierra con modestia y que, cuando los ignorantes se dirigen a ellos, responden con paz.  Y los que se desvelan por su Señor, postrados y de pie” (Sura al-Furqán, el Criterio, 25:63-64).

La conexión entre el fortalecimiento del carácter y la devoción constante es más que clara.  No hay fórmulas intermedias que nos ayuden a evitar el mal ajeno (que puede ser, en muchos casos, reflejo de nuestras faltas propias).  Sólo la fe absoluta en los designios de Dios y la sumisión absoluta ante el Todopoderoso nos harán responder de la forma correcta y noble como debe hacer todo musulmán.


“EL LEGADO DEL PROFETA MUHAMMAD PARA LA POSTERIDAD”

por César Domínguez

El Qur’an nos dice: “Sed conscientes de Dios y manteneos en paz entre vosotros.  Obedeced a Dios y a su Mensajero, si sois creyentes”  (Qur’an 8:1).  En el primer verso del octavo sura del Qur’an, el Capítulo de los Botines de Guerra, Dios nos exhorta a obedecer al Profeta Muhammad, paz y bendiciones sobre él, tanto en tiempos de guerra,  cuando la defensa del islam y los musulmanes es de primordial importancia, como en tiempos de paz, cuando la defensa de la verdad y nuestra propia honorabilidad como siervos de Dios deben guiar nuestras acciones.  La verdad de Dios está en el Qur’an, revelado por la gracia de Dios al Profeta del Islam.  Y es a través de las enseñanzas de Muhammad, su vida y obra, como aprendemos el mensaje de la palabra de Dios.  Del Profeta se dijo que su carácter era el Qur’an, puesto que él contaba con el conocimiento exacto del mensaje y lo ponía en práctica día tras día.  La primera comunidad de musulmanes aprendió directamente del Profeta: sus compañeros y cercanos colaboradores, su familia, los primeros en aceptar al islam en La Meca, la naciente comunidad musulmana de Madinah, todos ellos fueron bendecidos con la presencia física y espiritual del Mensajero de Dios, aprendieron del hombre y del maestro.  El legado de tradiciones sobre la vida y enseñanzas del Profeta Muhammad que nos ha llegado a nosotros, a mil cuatrocientos años de distancia, es vasto.  El credo del islam se conoce y se entiende a través de Qur’an y la sunna del Profeta.  El Qur’an nos indica el tiempo de las oraciones y su significado; el Profeta nos enseña cómo debemos rezar.  El Qur’an nos habla de la misericordia de Dios; la vida del Profeta nos da ejemplos claros, cotidianos, de cómo ser nosotros mismos misericordiosos.  El Qurán nos habla de la ley de Dios y los principios fundamentales de justicia y libertad; el Profeta nos explica lo que Dios espera de nosotros y nos muestra cómo aplicar la ley divina en el mundo en que vivimos.  El Profeta Muhammad es el claro ejemplo a seguir para todo musulmán.  Pero, ¿cómo debemos estudiar su vida para comprender el verdadero significado de sus enseñanzas y aplicarlas a situaciones actuales que nos son propias?   ¿Cuáles son las fuentes de información más veraces que uno debe consultar para saber la verdad sobre el Profeta?  ¿Cualquier dicho del Profeta que escuchamos o que leemos en cualquier libro de su vida es verdadero?  ¿Es necesario imitar al Profeta en todo lo que hizo o dijo para ser buenos musulmanes? Las respuestas a estas preguntas requieren juicio, tiempo y compromiso: los requisitos básicos para la adquisición de conocimiento.  Gracias a Dios, contamos en la actualidad con un rico caudal de tradiciones y biografías del Profeta que nos informan y guían sobre el mensaje de su vida, producto de eruditos y sabios de la mejor tradición islámica.  Nuestro deber es saber dónde encontrarlos.  El Qur’an continuamente nos llama a la adquisición de conocimiento: para saber, entender y apreciar la grandeza de la creación de Dios.  Sólo con conocimiento podremos cumplir la misión que Dios encomendó al ser humano, es decir, el cuidado y preservación de este mundo en que vivimos.  Recordemos que Dios designó a Adán como su khalifa, su sucesor o representante en la tierra, y le enseñó el nombre de todas las cosas (Qur’an 2:30-31).  El conocimiento es verdad y libertad.  Sólo con un verdadero compromiso por adquirir conocimiento y conocer la verdad, podremos encontrar las respuestas a las preguntas anteriores sobre el estudio de la vida del Profeta.


EL LEGADO DEL PROFETA MUHAMMAD – PARTE II

por César Domínguez

Para la primera comunidad de musulmanes, el Profeta Muhammad, paz y bendiciones con él, fue líder espiritual, gobernante, colaborador y amigo personal.  Muhammad enunció las normas del islam e interpretó la ley de Dios; dirigió los destinos de su pueblo en tiempos de paz y en tiempos de guerra; tomó importantes decisiones políticas y firmó acuerdos de paz con otras comunidades; brindó consejos para todo asunto cotidiano; fue hombre de familia y amigo fiel.  Por su proximidad al Mensajero de Dios, los Compañeros del Profeta fueron llamados por el Qur’an “la mejor comunidad humana que jamás se haya suscitado” (3:110).  Según al-Bukhari menciona en su colección Sahih, el término Compañero se aplica a todo creyente que haya visto al Profeta al menos una vez en su vida y haya muerto siendo musulmán.  Los Compañeros se esforzaban por aprender todo lo que el Profeta hacía o decía y se esforzaban por emular todas sus acciones, en un sincero afán de seguir su ejemplo y ser buenos musulmanes.  Se relata que el Profeta Muhammad dijo en una ocasión: “Ninguno de ustedes será un verdadero creyente hasta que yo le sea más querido que su hijo, su padre y todos los demás”.  Este mensaje fue necesario en un tiempo en que resultaba vital sentar las bases de la nación musulmana, brindar protección a sus nuevos miembros y mantener la unión.  Sin embargo, también se ha reportado que el Profeta dijo:  “Yo no soy más que un  hombre.  Si doy un mandato sobre la religión, tómenlo; pero si doy una opinión basada en mi propio juicio, yo sólo soy un hombre.  Ustedes saben más sobre los asuntos de este mundo”.  El Profeta pronunció estas palabras después de dar a unos agricultores un consejo que resultó equivocado.  Al paso del tiempo y a  medida que el islam creció y conquistó nuevas tierras, las siguientes generaciones de musulmanes aprendieron las enseñanzas del Profeta a través de las tradiciones orales y escritas sobre su vida, la sunna y el hadith.  Hasta nuestros días, musulmanes del mundo entero se esfuerzan día tras día por imitar las acciones del Profeta, aún las más mundanas (su forma de vestir, de comer, de dormir, etc.) en un claro intento de sentirse lo más cerca posible de su ejemplo.  El saber distinguir entre lo que el Profeta dijo e hizo en su capacidad como Mensajero de Dios y líder del pueblo musulmán (lo cual debe cumplirse) y lo dijo e hizo como simple ser humano (lo cual no es necesariamente obligatorio cumplir), ha sido y es un gran reto para las subsecuentes generaciones de musulmanes.  Cuando se aprende directamente de un gran maestro, es posible ver también al hombre; cuando se aprende indirectamente, sólo se ve al maestro.  A raíz de la muerte del Profeta, comenzaron a circular rápidamente toda clase de reportes sobre su vida y enseñanzas.  En vida, el Profeta no permitió que sus palabras fueran preservadas en forma escrita, quizás para evitar que se les confundiera con la escritura del Qur’an.  Sólo en ciertas ocasiones, daba instrucciones a sus Compañeros de que sus palabras quedaran escritas y se dice que llegó a advertir: “Aquel que falsifique lo que he dicho, que prepare para sí un lugar en el fuego del infierno”.   A pesar de esta advertencia, durante el primer siglo del islam comenzaron a aparecer reportes falsos sobre el Profeta, principalmente en apoyo a una causa específica, a ideas, personajes o escuelas filosóficas o, simplemente, en favor del islam, es decir, para atraer adeptos a la fe.  Así se desarrolló la ciencia de análisis y autenticación de hadith, con reglas específicas para verificar la línea de transmisión (quiénes son las personas que han reportado el hadith y cuál es su integridad moral) y analizar el contenido, el cual no debe contradecir al Qur’an o a otro hadith auténtico.

El mensaje del islam es universal y eterno.  El Profeta estaba claramente consciente de ello.  Todo líder de verdad cuenta con una visión del futuro, su trabajo debe trascender.  Lo que Profeta significó para la gente de su tiempo significa ahora para todos nosotros.  En la actualidad, él ya no es el gobernante del mundo musulmán; la umma se encuentra ahora repartida por todo el mundo y florece dentro de las sociedades y naciones más diversas.  Pero el Mensajero de Dios es aún la fuerza motriz que le da identidad.  Después de todo, el carácter del Profeta era el Qur’an.  Y el Qur’an nunca cesará de existir y ser ejemplo y guía para toda la humanidad.


“EL SALUDO QUE COMPROMETE”

César Domínguez

Se cuenta que en una ocasión, un hombre preguntó al Profeta Muhammad, ¿qué es lo mejor en el islam?  El Profeta respondió: ‘Alimentar a la gente y dar el saludo a todo mundo, aunque se trate de un desconocido’.

Como bien sabemos, el saludo de un musulmán es un saludo de paz.  Entonces, la respuesta del Profeta es completa.  El islam cubre todas las necesidades del ser humano, tanto las físicas como las espirituales.  Entonces, el musulmán está comprometido con procurar el bien material y espiritual de su gente, de su pueblo.  El musulmán, como dijo el Profeta, debe desear la paz de su prójimo por encima de todo y debe preocuparse por el alimento físico de los demás.  Nunca deberá haber un verdadero necesitado junto a un verdadero musulmán.  Atender las necesidades de los demás (ya sean necesidades materiales o espirituales) es signo de caridad, de fe.  El Profeta dijo: ‘La caridad no disminuye la riqueza’.  Al contrario, la aumenta, porque el ser caritativo crece ante su Creador.

Paz y abundancia son signos del paraíso, de la otra vida.  El Qur’an nos dice sobre los moradores del paraíso: “Su invocación allí será, gloria a Ti, Dios.  Su saludo allí será, paz” (Sura de Yunus, Jonás, 10:10).  La paz y abundancia del paraíso se ganan con la paz y abundancia en la tierra; es decir, con procurar la paz y el sustento común.

Sí, el saludo de paz del musulmán es un saludo que compromete la palabra con la acción: paz para todos, paz por encima de todo.

“Los siervos del Más Misericordioso son aquellos que caminan por la tierra con modestia y que, cuando los ignorantes se dirigen a ellos, responden con paz.  Y que recuerdan a su Señor hasta bien entrada la noche, postrados y de pie” (Sura al-Furqán, el Criterio, 25:63-64).

 


“LA AYUDA AL PROXIMO”

César Domínguez

Las siguientes tres citas son extraídas del valiosísimo “Contrato de Hermandad” de Imam al-Ghazali, el ilustre teólogo y pensador musulmán del siglo XII, y se encuentran en el capítulo sobre la obligación de perdonar los errores y flaquezas de los demás.  Que Dios bendiga a todos los grandes eruditos del islam que nos han enseñado la mejor forma de cultivar el carácter del verdadero creyente, siervo del Todo Misericordioso.

“La falla de un amigo puede ser de dos clases: por un acto que atenta en contra de la fe o por un acto que atenta contra ti, es decir, por una omisión en sus deberes de hermandad”.

“Si tu hermano altera y cambia su opinión, no le dejes a causa de ello, porque tu hermano a veces estará torcido y otras veces derecho”.

“Y no le digas a la gente el error de un sabio, porque el sabio puede cometer un error y después corregirlo”.

Indudablemente, es signo del verdadero creyente estrechar los lazos que lo unen a sus hermanos, a sus compañeros en la fe y en la devoción.  El Qur’an nos brinda múltiples consejos y lecciones  para hacer frente a las faltas de los demás, es decir, cómo reaccionar y accionar de la mejor forma no sólo para contribuir a la corrección del error mismo, sino también para servir con el mejor ejemplo que ayude al otro a reconocer la falla y corregir el camino.

“Buscad ayuda en la paciencia y la oración.  Ciertamente es difícil, excepto para los humildes” (Sura al-Baqara, la Vaca, 2:45).

El mensaje divino nos insta a ser pacientes y cultivar el buen carácter a través de la oración, es decir, a través de la constante cercanía al Creador.  Cualquier consejo, lección o asistencia que brindemos a los demás debe darse con humildad y respeto.

“Los siervos del Más Misericordioso son aquellos que caminan por la tierra con modestia y que, cuando los ignorantes se dirigen a ellos, responden con paz.  Y los que se desvelan por su Señor, postrados y de pie” (Sura al-Furqán, el Criterio, 25:63-64).

La conexión entre el fortalecimiento del carácter y la devoción constante es más que clara.  No hay fórmulas intermedias que nos ayuden a evitar el mal ajeno (que puede ser, en muchos casos, reflejo de nuestras faltas propias).  Sólo la fe absoluta en los designios de Dios y la sumisión absoluta ante el Todopoderoso nos harán responder de la forma correcta y noble como debe hacer todo musulmán.

“El Mensajero de Dios, que Dios le bendiga y le dé paz, dijo: ‘Teme a Allah donde quiera que estés y, si cometes una mala acción, haz inmediatamente una buena acción que te haga borrar la falta anterior. Y compórtate correctamente con la gente’” (de Abu Dhar Yundab ibn Yunada y Abu Abdurrahmán Muádh ibn Yabal, que Dios esté complacido con los dos – hadiz relatado por al-Tirmidhi).


“EL BIEN DE DIOS”

César Domínguez

“La corrupción ha hecho su aparición en la tierra y en el mar como consecuencia de lo que ha hecho la mano del hombre: y por ello les hará saborear algunas de sus obras, para que se vuelvan.   Di, id por la tierra y contemplad cómo acabaron esos que vivieron antes.  La mayoría de ellos solían atribuir cualidades divinas a cosas o seres distintos de Dios. Dirige, pues, tu rostro con firmeza hacia la fe verdadera y perenne, antes de que llegue de Dios un día inevitable” (Sura al-Ruum, los Romanos, 30:41-43).

Estas palabras del Qur’an nos hablan no de un mal que Dios permite que suceda, sino del bien con el que el Más Misericordioso nos guía siempre hacia El.  Y el bien puede tomar muchas formas: desde un gran favor divino hasta una prueba u obstáculo que aparece en nuestro camino para darnos una lección que debemos aprender y motivarnos al cambio necesario que debemos hacer en nosotros mismos.

Dios decreta el bien.  El mal que existe en la tierra, en el ser humano mismo, no puede atribuirse a Dios.  Así lo dijo el Profeta Muhammad, que las bendiciones de Dios y la salvación sean con él: “El mal no es atribuible a Ti”.  ¿Cuántas veces nos sentimos víctimas de un mal que consideramos ajeno, cuando, en realidad, hay algo en nosotros mismos que lo propicia o lo permite?

Las pruebas o tribulaciones que encontramos en el sendero de esta vida tienen una finalidad.  Esa finalidad se descubre a través de la fe, la fe en el poder y la misericordia de Dios.  Y es precisamente esa fe nuestra mejor herramienta para resolver todo problema, conflicto u obstáculo.  Así es el bien de Dios para con Su creación.


“El Amor a la Fe”

César Domínguez 

El Qur’an nos dice:

“Dios os ha hecho amar la fe y la ha hecho grata a vuestros corazones y os ha hecho detestable el rechazo de la verdad, la maldad y toda rebelión” (Sura al-Hujuraat, Los Aposentos, 49:13).

La ausencia de la verdad abre la puerta a la maldad y la rebelión incitada por la maldad trae la perdición.  La palabra de Dios en este verso nos llama a hacer de la fe el don más preciado.  El corazón que se abre a la fe es un corazón limpio de maldad, es un corazón que se purifica a medida que se llena de esperanza.  La fe es esperanza y es amor.  El amor puro a Dios es la meta de todo creyente: es ese amor que se manifiesta sin condiciones ni reservas, es el amor constante y abierto, es el amor que se afirma todos los días a través de la oración y las buenas obras, puesto que es Dios quien instituyó para nosotros la oración como acto de adoración y ordenó la buena acción y la rectitud como consecuencia natural de la devoción constante.  Quien es constante en sus actos de adoración al Todopoderoso y se esfuerza por obrar con rectitud vive con la verdad, la verdad de su islam, su sometimiento a la voluntad del Creador de todo cuanto existe.

La verdad se fortalece y florece con el conocimiento.  Dios es la verdad que todo lo abarca.  Quien niega la verdad se niega a sí mismo.  Quien no se conoce a sí mismo no podrá conocer a Dios.  Es por eso que el conocimiento de nuestra fe, nuestra creencia, es vital para nuestro desarrollo.  Quien cierra la puerta del conocimiento pierde el camino que lleva a Dios.

El camino del conocimiento es un camino de disciplina y constancia.  Sólo aquel que verdaderamente siente amor a la fe vencerá las pruebas y retos naturales en toda búsqueda de conocimiento.  Y Dios, el Más Misericordioso, facilitará el camino para quien lo emprende con sinceridad y determinación. El Profeta Muhammad, paz y bendiciones con él, dijo que el conocimiento es un rayo de luz que apunta hacia el paraíso.  El conocimiento trae verdad y la verdad es fe, fe en la infinita grandeza, misericordia y amor de Dios.

 


“EL COMPAÑERO DEL QUR’AN”

César Domínguez

 

El Profeta Muhammad, que las bendiciones y la salvación de Dios sean con él, dijo en una ocasión: ‘Al compañero del Qur’an se le dirá: recita y asciende, asciende con facilidad tal como recitabas con facilidad el Qur’an en este mundo.  Tu morada final será tan elevada como la recitación del último verso que recitaste”.

La sura al-Baqara del Qur’an comienza con los siguientes versos:

“Este libro, no hay duda en él, es guía para los conscientes, aquellos que creen en lo desconocido, establecen la oración y, de lo que les hemos provisto, dan.  Y aquellos que creen en lo que descendió sobre ti y lo que descendió antes de ti y de la otra vida están ciertos.   Esos son los que siguen la guía de su Señor, ellos prosperarán” (Sura al-Baqara, la Vaca, 2:2-5).

Seguir la guía de Dios es seguir Su Palabra, el Qur’an, es entrar en el mundo del más bello conocimiento, es escuchar el sublime sonido de sus signos, es comprender su mensaje con la razón y  las emociones.  El Qur’an, el libro del islam, el mensaje revelado al Profeta Muhammad, es recitación que se ha mantenido viva por más de mil cuatrocientos años y perdurará a través de los tiempos.

La tradición de dedicarse por completo a la recitación del Qur’an, es decir, de preservar vivo el mensaje de Más Misericordioso, es la más bella ocupación del ser humano consciente de su Creador.  El mensaje del islam llegó a todos los confines de la tierra a través de la recitación del Libro de Dios.  El Qur’an nos dice:

Aquellos a quienes hemos entregado el Libro, lo siguen con la verdad, son los que creen en él” (2:121).

Si hubo quienes sólo creían en un mensajero de Dios que hiciera milagros, el milagro del Profeta de Islam fue la recitación de la Palabra de Dios, que recibió del Angel Gabriel y que, a lo largo de veintitrés años, cambió la vida de todos aquellos que la escuchaban en voz del mismo Profeta, transformando así el curso mismo de la historia del mundo.

Todo ser humano necesita de la guía de Dios para caminar por el camino de esta vida.  La guía divina es precisamente el Qur’an.  El Qur’an es el corazón de las oraciones del musulmán.  El Qur’an es la mayor fuente de conocimiento; pero no todo el que llega a él, que lo lee o recita, se transforma de la misma manera.  ¿Cuál es nuestra intención al acercarnos al Qur’an?, ¿quién es un verdadero compañero del Qur’an?, ¿cuánto tiempo dedicamos a diario a relacionarnos con el Qur’an, a leerlo, comprenderlo, preservarlo en la memoria y el corazón, ¿cuánto abrimos el corazón al Qur’an?  La respueta a estas preguntas es clave para la  verdadera transformación o beneficio que recibiremos del Qur’an.

Sí, el Qur’an es transformación, elevación y culminación para todo corazón humano que late por la gracia de su Señor, es la puerta a la morada final de la que habló el Profeta.  Para quien va al Qur’an con la mente y el corazón abiertos, anhelantes de la luz y guía de Dios, están reservadas las más altas bendiciones.

“Dios hace descender la mejor de las enseñanzas en forma de una escritura divina con total coherencia interna, que repite cada formulación de diversas formas, ante la cual se estremece la piel de los que temen a su Señor”  (Sura al-Zumar, las Multitudes, 39:23)

 


                                               LA VIRTUD DE LA GENEROSIDAD

                                                                César Domínguez

 

Dios, el Altísimo, el Todopoderoso, nos dice en el Qur’an:

“No alcanzareís la virtud hasta que no deis de lo que amáis.  Y cualquier cosa que deis, Dios la conoce” (Sura al-‘Imraan, 3:92).

Qué sencillo es este mensaje en la Palabra de Dios, el Noble Qur’an y, a la vez, qué gran verdad encierra, qué gran lección nos ofrece Dios en este verso, este signo de su majestuosidad y misericordia.  La mejor ayuda que podemos ofrecer y dar a otra persona es la ayuda desinteresada, es el servicio necesario en el momento justo, es el acto de dar por servir y por cumplir con uno de los más altos deberes de toda ley y justicia moral: servir al prójimo en sus momentos de necesidad.

Cuando uno da esperando recibir algo a cambio, uno se queda a mitad del camino en el cumplimiento de ese deber; es decir, se presta el servicio, se satisface la necesidad de la otra persona, pero no crece la fe ni la piedad de la persona que da ni de la que recibe.  Tal parece que se tratara de una simple transacción entre ambos: yo doy y tú me das, yo pongo tanto y tú pones tanto.  Así no es como crece el espíritu del creyente.  El verdadero creyente da por servir a la sociedad y por cumplir con Dios, Quien nos ha creado y nos da el sustento y la guía para caminar por esta vida en dirección a El.

Dar de lo que uno más ama, como dice este verso del Qur’an, es darse uno mismo en el acto de dar, es dar con el corazón porque uno tiene el deber de dar, porque uno no puede no dar, porque uno se siente incompleto si no da, porque uno reconoce la infinita misericordia de Dios y uno siente la obligación de responder al amor de Dios amando a los demás.  Y cuando el ser humano ama, se entrega por completo. Dar sin esperar recibir algo a cambio es confiar en la bondad de Dios, El es Quien mejor recompensa todas las buenas acciones:

“… Lo que hay junto a Dios es mucho mejor y más duradero, para los que creen y confían en su Señor … y responden a la llamada de su Señor y son constantes en la oración y tienen por norma consultarse entre sí y gastan en los demás de lo que les hemos dado como sustento” (Sura al-Shuura, la Consulta, 42:36, 38).

Aquel que entiende y es capaz de reconocer la misericordia y compasión de Dios presentes en toda Su creación, necesariamente tendrá su corazón lleno de compasión para servir a los demás, para dar de lo que más ama, para dar sin esperar recibir porque reconoce que, si tiene algo que dar, es porque Dios se lo ha concedido a él primero. El Profeta Muhammad, que Dios le bendiga y le salve, dijo en una ocasión: “Quien esté despojado de compasión, está privado de toda la piedad”.


“LAS BENDICIONES DE LA PALABRA DE DIOS”

                    César Domínguez

El Qur’an nos dice:

“Verdad que les hemos revelado la Palabra para que reflexionen.  Quienes recibieron la revelación con anterioridad, creen.  Cuando se les recita, dicen, creemos, es la verdad venida de nuestro Señor y, en verdad, ya antes de esto estábamos sometidos a Dios.  Ellos recibirán una recompensa doble por haber sido perseverantes, haber respondido al mal con el bien y haber dado de lo que les hemos provisto como sustento” (Sura al-Qasas, el Relato, 28:52-53).

Claramente, estas palabras nos hablan de la continuidad de la Palabra de Dios transmitida a la humanidad a través de todos los tiempos.  El islam, es decir, el sometimiento voluntario y ferviente a la voluntad de Dios, el Creador de todo cuanto existe, siempre ha estado presente.  La Palabra de Dios, revelada a Sus mensajeros, ha sido guía, luz, fuerza, consejo y consuelo para todas las generaciones.  Hoy tenemos el Qur’an, la culminación de todas las revelaciones de Dios, íntegro y vivo.  Aquel que cree, celebra la grandeza del Todo Misericordioso.  Y esta fe, esta devoción al Señor de los mundos, está por encima de diferencias, costumbres y formas de expresión.

El musulmán se define a sí mismo por su paciencia, su bondad y su generosidad para con el resto de la humanidad.  Así lo indica el Qur’an.  Y la recompensa a su fe y sus buenas acciones es múltiple.  ¡Bendito sea Dios por Su misericordia y Su poder infinitos!

 


 “LA INQUIETUD NATURAL”

        César Domínguez

El Qur’an nos dice:

“En verdad, el hombre ha sido creado inquieto.  Cuando le toca el mal, se desespera, y cuando le toca el bien, se vuelve mezquino.  Excepto los orantes, aquellos que son perseverantes en la oración, quienes, de sus bienes, destinan un derecho establecido a los que piden y a los que sufren privación” (Sura al-Maarish, las Vías de Ascenso, 70:19:24).

Son éstas sabias palabras del Libro de Dios.  La inquietud natural del ser humano encierra claramente un propósito positivo; es la inquietud que genera curiosidad, movimiento, búsqueda.  El libre albedrío con el que fuimos dotados decide si esa inquietud nos lleva a la superación y la iluminación o nos conduce a la pérdida, la inseguridad y la insatisfacción.  Sólo la fe en el Señor de los mundos, el Más Misericordioso, nos guiará hacia la luz y la seguridad, signos naturales del verdadero creyente.

La única salida a la desesperación y preocupación frecuentes (signos de aquellos que son débiles en la fe o carecen de ella) es el acercamiento constante, decidido, sincero al Todopoderoso.  Y sabemos que la mejor forma de acercarse a Dios es a través de la oración, esa forma de adoración al Creador Supremo que El mismo nos enseñó y cuyo mejor ejemplo encontramos en el Profeta Muhammad, que Dios le bendiga y le salve.

La purificación del corazón a través de la oración constante nos acrecienta en consciencia de Dios y en la consciencia social de procurar el bien común, que es reconocer que alguien más que uno mismo tiene un derecho sobre lo que uno posee, un derecho establecido por la ley de Dios, como lo dice el Qur’an.


“EL ISLAM DE HOY”

  César Domínguez 

Alabado sea Dios, el Todo Misericordioso, el Compasivo, quien nos ha creado y nos ha dado el mundo de su creación para vivir en él, quien ha revelado su Palabra, el Qur’an, al Profeta Muhammad, que Dios le bendiga y le salve, guía para todos aquellos que son conscientes de Dios.  En la sura al-Máida, el Agape, no. 5, verso 48, se nos dice:

“A cada uno de vosotros le hemos asignado un camino y un método propios.  Si Dios hubiera querido, habría hecho de vosotros una única comunidad, sin embargo, lo ha hecho así para poneros a prueba en lo que os ha dado.  Competid, pues, en las buenas acciones.  Todos habéis de volver a Dios, quien os hará saber la verdad de aquello sobre lo que no estabáis de acuerdo” (48:3)

En la sura al-Hujurát, los Aposentos Privados, no. 49, verso 13, leemos:

“Gentes, os hemos creado a partir de un varón y una hembra y os hemos hecho pueblos y tribus distintos para que os reconociérais unos a otros.  En verdad el más noble de vosotros ante Dios es el más consciente de El” (49:13).

Hay un profundo mensaje que aprender en estos versos.  En primer término, Dios asigna un camino a seguir para cada ser humano en esta vida.  Todos procedemos de Dios y a El habremos de regresar; pero es el designio de Dios que este camino no es el mismo para todos.  El Qur’an también afirma que Dios ha creado a la humanidad en una multiplicidad de colores y lenguas, con diversas características y capacidades, cada una de acuerdo a la misión que todo individuo debe cumplir a su paso por esta vida.

La misión de la primera comunidad de musulmanes fue contruir la nación del islam, erradicar los males del politeísmo y la avaricia y transmitir el mensaje de sumisión al Dios Unico.  El Profeta Muhammad fue el Mensajero de Dios a quien se le reveló el Qur’an, guía para todos los conscientes de Dios.  El día de hoy, catorce siglos después, los musulmanes siguen construyendo, con la gracia de Dios, la umma, la comunidad del islam, dándole fuerza y valor, creciendo y abriéndose al resto de la humanidad.

Estos dos pasajes del Qur’an también afirman que la diversidad es parte del plan de Dios para la humanidad: diferentes naciones y tribus, diferentes caminos.  Esta diversidad no sólo incluye la diferencia de razas y credos, sino también la diferencia de opiniones y maneras, incluso dentro de una sola comunidad: una diversidad que es resultado natural del paso del tiempo.

La comunidad mundial del islam está compuesta por gentes de muy diversos orígenes étnicos, culturales y sociales.  La fuerza de esta comunidad radica precisamente en su diversidad y en su esfuerzo incluyente: el islam une, no separa.  El islam actual en Occidente no es únicamente el islam de inmigrantes procedentes de países de mayoría musulmana de Asia y Africa y sus descendientes, es el islam de las nuevas comunidades: un islam vivo, original, verdadero.

El islam crece rápidamente en la comunidad de habla hispana en el sur de California, la cual en Los Angeles y comunidades vecinas comprende aproximadamente la mitad de la población.  En ésta, nuestra comunidad, necesitamos el islam del Qur’an y las enseñanzas auténticas del Profeta Muhammad, el islam de la herencia clásica del conocimiento y la sabiduría.  También necesitamos el islam que responde a nuestras situaciones actuales, las que vivimos aquí, ahora, en el mundo occidental, el islam que nos habla directamente al corazón en nuestra lengua, el islam que comprende y eleva nuestras propias culturas y tradiciones.  El islam del futuro es el islam que conecta el pasado y el presente, que hace honor a la universalidad e intemporalidad del mensaje del Qur’an, palabra de Dios, y las enseñanzas del Profeta Muhammad, que Dios le bendiga y le salve.