MENSAJES DEL ISLAM


                                               LA VIRTUD DE LA GENEROSIDAD

                                                                César Domínguez

 

Dios, el Altísimo, el Todopoderoso, nos dice en el Qur’an:

 

“No alcanzareís la virtud hasta que no deis de lo que amáis.  Y cualquier cosa que deis, Dios la conoce” (Sura al-‘Imraan, 3:92).

Qué sencillo es este mensaje en la Palabra de Dios, el Noble Qur’an y, a la vez, qué gran verdad encierra, qué gran lección nos ofrece Dios en este verso, este signo de su majestuosidad y misericordia.  La mejor ayuda que podemos ofrecer y dar a otra persona es la ayuda desinteresada, es el servicio necesario en el momento justo, es el acto de dar por servir y por cumplir con uno de los más altos deberes de toda ley y justicia moral: servir al prójimo en sus momentos de necesidad.

Cuando uno da esperando recibir algo a cambio, uno se queda a mitad del camino en el cumplimiento de ese deber; es decir, se presta el servicio, se satisface la necesidad de la otra persona, pero no crece la fe ni la piedad de la persona que da ni de la que recibe.  Tal parece que se tratara de una simple transacción entre ambos: yo doy y tú me das, yo pongo tanto y tú pones tanto.  Así no es como crece el espíritu del creyente.  El verdadero creyente da por servir a la sociedad y por cumplir con Dios, Quien nos ha creado y nos da el sustento y la guía para caminar por esta vida en dirección a El.

Dar de lo que uno más ama, como dice este verso del Qur’an, es darse uno mismo en el acto de dar, es dar con el corazón porque uno tiene el deber de dar, porque uno no puede no dar, porque uno se siente incompleto si no da, porque uno reconoce la infinita misericordia de Dios y uno siente la obligación de responder al amor de Dios amando a los demás.  Y cuando el ser humano ama, se entrega por completo. Dar sin esperar recibir algo a cambio es confiar en la bondad de Dios, El es Quien mejor recompensa todas las buenas acciones:

“… Lo que hay junto a Dios es mucho mejor y más duradero, para los que creen y confían en su Señor … y responden a la llamada de su Señor y son constantes en la oración y tienen por norma consultarse entre sí y gastan en los demás de lo que les hemos dado como sustento” (Sura al-Shuura, la Consulta, 42:36, 38).

Aquel que entiende y es capaz de reconocer la misericordia y compasión de Dios presentes en toda Su creación, necesariamente tendrá su corazón lleno de compasión para servir a los demás, para dar de lo que más ama, para dar sin esperar recibir porque reconoce que, si tiene algo que dar, es porque Dios se lo ha concedido a él primero. El Profeta Muhammad, que Dios le bendiga y le salve, dijo en una ocasión: “Quien esté despojado de compasión, está privado de toda la piedad”.


“LAS BENDICIONES DE LA PALABRA DE DIOS”

                    César Domínguez

El Qur’an nos dice:

“Verdad que les hemos revelado la Palabra para que reflexionen.  Quienes recibieron la revelación con anterioridad, creen.  Cuando se les recita, dicen, creemos, es la verdad venida de nuestro Señor y, en verdad, ya antes de esto estábamos sometidos a Dios.  Ellos recibirán una recompensa doble por haber sido perseverantes, haber respondido al mal con el bien y haber dado de lo que les hemos provisto como sustento” (Sura al-Qasas, el Relato, 28:52-53).

Claramente, estas palabras nos hablan de la continuidad de la Palabra de Dios transmitida a la humanidad a través de todos los tiempos.  El islam, es decir, el sometimiento voluntario y ferviente a la voluntad de Dios, el Creador de todo cuanto existe, siempre ha estado presente.  La Palabra de Dios, revelada a Sus mensajeros, ha sido guía, luz, fuerza, consejo y consuelo para todas las generaciones.  Hoy tenemos el Qur’an, la culminación de todas las revelaciones de Dios, íntegro y vivo.  Aquel que cree, celebra la grandeza del Todo Misericordioso.  Y esta fe, esta devoción al Señor de los mundos, está por encima de diferencias, costumbres y formas de expresión.

El musulmán se define a sí mismo por su paciencia, su bondad y su generosidad para con el resto de la humanidad.  Así lo indica el Qur’an.  Y la recompensa a su fe y sus buenas acciones es múltiple.  ¡Bendito sea Dios por Su misericordia y Su poder infinitos!

 


 “LA INQUIETUD NATURAL”

        César Domínguez

El Qur’an nos dice:

“En verdad, el hombre ha sido creado inquieto.  Cuando le toca el mal, se desespera, y cuando le toca el bien, se vuelve mezquino.  Excepto los orantes, aquellos que son perseverantes en la oración, quienes, de sus bienes, destinan un derecho establecido a los que piden y a los que sufren privación” (Sura al-Maarish, las Vías de Ascenso, 70:19:24).

Son éstas sabias palabras del Libro de Dios.  La inquietud natural del ser humano encierra claramente un propósito positivo; es la inquietud que genera curiosidad, movimiento, búsqueda.  El libre albedrío con el que fuimos dotados decide si esa inquietud nos lleva a la superación y la iluminación o nos conduce a la pérdida, la inseguridad y la insatisfacción.  Sólo la fe en el Señor de los mundos, el Más Misericordioso, nos guiará hacia la luz y la seguridad, signos naturales del verdadero creyente.

La única salida a la desesperación y preocupación frecuentes (signos de aquellos que son débiles en la fe o carecen de ella) es el acercamiento constante, decidido, sincero al Todopoderoso.  Y sabemos que la mejor forma de acercarse a Dios es a través de la oración, esa forma de adoración al Creador Supremo que El mismo nos enseñó y cuyo mejor ejemplo encontramos en el Profeta Muhammad, que Dios le bendiga y le salve.

La purificación del corazón a través de la oración constante nos acrecienta en consciencia de Dios y en la consciencia social de procurar el bien común, que es reconocer que alguien más que uno mismo tiene un derecho sobre lo que uno posee, un derecho establecido por la ley de Dios, como lo dice el Qur’an.


“EL ISLAM DE HOY”

  César Domínguez 

Alabado sea Dios, el Todo Misericordioso, el Compasivo, quien nos ha creado y nos ha dado el mundo de su creación para vivir en él, quien ha revelado su Palabra, el Qur’an, al Profeta Muhammad, que Dios le bendiga y le salve, guía para todos aquellos que son conscientes de Dios.  En la sura al-Máida, el Agape, no. 5, verso 48, se nos dice:

“A cada uno de vosotros le hemos asignado un camino y un método propios.  Si Dios hubiera querido, habría hecho de vosotros una única comunidad, sin embargo, lo ha hecho así para poneros a prueba en lo que os ha dado.  Competid, pues, en las buenas acciones.  Todos habéis de volver a Dios, quien os hará saber la verdad de aquello sobre lo que no estabáis de acuerdo” (48:3)

En la sura al-Hujurát, los Aposentos Privados, no. 49, verso 13, leemos:

“Gentes, os hemos creado a partir de un varón y una hembra y os hemos hecho pueblos y tribus distintos para que os reconociérais unos a otros.  En verdad el más noble de vosotros ante Dios es el más consciente de El” (49:13).

Hay un profundo mensaje que aprender en estos versos.  En primer término, Dios asigna un camino a seguir para cada ser humano en esta vida.  Todos procedemos de Dios y a El habremos de regresar; pero es el designio de Dios que este camino no es el mismo para todos.  El Qur’an también afirma que Dios ha creado a la humanidad en una multiplicidad de colores y lenguas, con diversas características y capacidades, cada una de acuerdo a la misión que todo individuo debe cumplir a su paso por esta vida.

La misión de la primera comunidad de musulmanes fue contruir la nación del islam, erradicar los males del politeísmo y la avaricia y transmitir el mensaje de sumisión al Dios Unico.  El Profeta Muhammad fue el Mensajero de Dios a quien se le reveló el Qur’an, guía para todos los conscientes de Dios.  El día de hoy, catorce siglos después, los musulmanes siguen construyendo, con la gracia de Dios, la umma, la comunidad del islam, dándole fuerza y valor, creciendo y abriéndose al resto de la humanidad.

Estos dos pasajes del Qur’an también afirman que la diversidad es parte del plan de Dios para la humanidad: diferentes naciones y tribus, diferentes caminos.  Esta diversidad no sólo incluye la diferencia de razas y credos, sino también la diferencia de opiniones y maneras, incluso dentro de una sola comunidad: una diversidad que es resultado natural del paso del tiempo.

La comunidad mundial del islam está compuesta por gentes de muy diversos orígenes étnicos, culturales y sociales.  La fuerza de esta comunidad radica precisamente en su diversidad y en su esfuerzo incluyente: el islam une, no separa.  El islam actual en Occidente no es únicamente el islam de inmigrantes procedentes de países de mayoría musulmana de Asia y Africa y sus descendientes, es el islam de las nuevas comunidades: un islam vivo, original, verdadero.

El islam crece rápidamente en la comunidad de habla hispana en el sur de California, la cual en Los Angeles y comunidades vecinas comprende aproximadamente la mitad de la población.  En ésta, nuestra comunidad, necesitamos el islam del Qur’an y las enseñanzas auténticas del Profeta Muhammad, el islam de la herencia clásica del conocimiento y la sabiduría.  También necesitamos el islam que responde a nuestras situaciones actuales, las que vivimos aquí, ahora, en el mundo occidental, el islam que nos habla directamente al corazón en nuestra lengua, el islam que comprende y eleva nuestras propias culturas y tradiciones.  El islam del futuro es el islam que conecta el pasado y el presente, que hace honor a la universalidad e intemporalidad del mensaje del Qur’an, palabra de Dios, y las enseñanzas del Profeta Muhammad, que Dios le bendiga y le salve.