MENSAJES DEL ISLAM


“EL BIEN DE DIOS”

César Domínguez

“La corrupción ha hecho su aparición en la tierra y en el mar como consecuencia de lo que ha hecho la mano del hombre: y por ello les hará saborear algunas de sus obras, para que se vuelvan.   Di, id por la tierra y contemplad cómo acabaron esos que vivieron antes.  La mayoría de ellos solían atribuir cualidades divinas a cosas o seres distintos de Dios. Dirige, pues, tu rostro con firmeza hacia la fe verdadera y perenne, antes de que llegue de Dios un día inevitable” (Sura al-Ruum, los Romanos, 30:41-43).

Estas palabras del Qur’an nos hablan no de un mal que Dios permite que suceda, sino del bien con el que el Más Misericordioso nos guía siempre hacia El.  Y el bien puede tomar muchas formas: desde un gran favor divino hasta una prueba u obstáculo que aparece en nuestro camino para darnos una lección que debemos aprender y motivarnos al cambio necesario que debemos hacer en nosotros mismos.

Dios decreta el bien.  El mal que existe en la tierra, en el ser humano mismo, no puede atribuirse a Dios.  Así lo dijo el Profeta Muhammad, que las bendiciones de Dios y la salvación sean con él: “El mal no es atribuible a Ti”.  ¿Cuántas veces nos sentimos víctimas de un mal que consideramos ajeno, cuando, en realidad, hay algo en nosotros mismos que lo propicia o lo permite?

Las pruebas o tribulaciones que encontramos en el sendero de esta vida tienen una finalidad.  Esa finalidad se descubre a través de la fe, la fe en el poder y la misericordia de Dios.  Y es precisamente esa fe nuestra mejor herramienta para resolver todo problema, conflicto u obstáculo.  Así es el bien de Dios para con Su creación.


“El Amor a la Fe”

César Domínguez 

El Qur’an nos dice:

“Dios os ha hecho amar la fe y la ha hecho grata a vuestros corazones y os ha hecho detestable el rechazo de la verdad, la maldad y toda rebelión” (Sura al-Hujuraat, Los Aposentos, 49:13).

La ausencia de la verdad abre la puerta a la maldad y la rebelión incitada por la maldad trae la perdición.  La palabra de Dios en este verso nos llama a hacer de la fe el don más preciado.  El corazón que se abre a la fe es un corazón limpio de maldad, es un corazón que se purifica a medida que se llena de esperanza.  La fe es esperanza y es amor.  El amor puro a Dios es la meta de todo creyente: es ese amor que se manifiesta sin condiciones ni reservas, es el amor constante y abierto, es el amor que se afirma todos los días a través de la oración y las buenas obras, puesto que es Dios quien instituyó para nosotros la oración como acto de adoración y ordenó la buena acción y la rectitud como consecuencia natural de la devoción constante.  Quien es constante en sus actos de adoración al Todopoderoso y se esfuerza por obrar con rectitud vive con la verdad, la verdad de su islam, su sometimiento a la voluntad del Creador de todo cuanto existe.

La verdad se fortalece y florece con el conocimiento.  Dios es la verdad que todo lo abarca.  Quien niega la verdad se niega a sí mismo.  Quien no se conoce a sí mismo no podrá conocer a Dios.  Es por eso que el conocimiento de nuestra fe, nuestra creencia, es vital para nuestro desarrollo.  Quien cierra la puerta del conocimiento pierde el camino que lleva a Dios.

El camino del conocimiento es un camino de disciplina y constancia.  Sólo aquel que verdaderamente siente amor a la fe vencerá las pruebas y retos naturales en toda búsqueda de conocimiento.  Y Dios, el Más Misericordioso, facilitará el camino para quien lo emprende con sinceridad y determinación. El Profeta Muhammad, paz y bendiciones con él, dijo que el conocimiento es un rayo de luz que apunta hacia el paraíso.  El conocimiento trae verdad y la verdad es fe, fe en la infinita grandeza, misericordia y amor de Dios.

 


“EL COMPAÑERO DEL QUR’AN”

César Domínguez

 

El Profeta Muhammad, que las bendiciones y la salvación de Dios sean con él, dijo en una ocasión: ‘Al compañero del Qur’an se le dirá: recita y asciende, asciende con facilidad tal como recitabas con facilidad el Qur’an en este mundo.  Tu morada final será tan elevada como la recitación del último verso que recitaste”.

La sura al-Baqara del Qur’an comienza con los siguientes versos:

“Este libro, no hay duda en él, es guía para los conscientes, aquellos que creen en lo desconocido, establecen la oración y, de lo que les hemos provisto, dan.  Y aquellos que creen en lo que descendió sobre ti y lo que descendió antes de ti y de la otra vida están ciertos.   Esos son los que siguen la guía de su Señor, ellos prosperarán” (Sura al-Baqara, la Vaca, 2:2-5).

Seguir la guía de Dios es seguir Su Palabra, el Qur’an, es entrar en el mundo del más bello conocimiento, es escuchar el sublime sonido de sus signos, es comprender su mensaje con la razón y  las emociones.  El Qur’an, el libro del islam, el mensaje revelado al Profeta Muhammad, es recitación que se ha mantenido viva por más de mil cuatrocientos años y perdurará a través de los tiempos.

La tradición de dedicarse por completo a la recitación del Qur’an, es decir, de preservar vivo el mensaje de Más Misericordioso, es la más bella ocupación del ser humano consciente de su Creador.  El mensaje del islam llegó a todos los confines de la tierra a través de la recitación del Libro de Dios.  El Qur’an nos dice:

Aquellos a quienes hemos entregado el Libro, lo siguen con la verdad, son los que creen en él” (2:121).

Si hubo quienes sólo creían en un mensajero de Dios que hiciera milagros, el milagro del Profeta de Islam fue la recitación de la Palabra de Dios, que recibió del Angel Gabriel y que, a lo largo de veintitrés años, cambió la vida de todos aquellos que la escuchaban en voz del mismo Profeta, transformando así el curso mismo de la historia del mundo.

Todo ser humano necesita de la guía de Dios para caminar por el camino de esta vida.  La guía divina es precisamente el Qur’an.  El Qur’an es el corazón de las oraciones del musulmán.  El Qur’an es la mayor fuente de conocimiento; pero no todo el que llega a él, que lo lee o recita, se transforma de la misma manera.  ¿Cuál es nuestra intención al acercarnos al Qur’an?, ¿quién es un verdadero compañero del Qur’an?, ¿cuánto tiempo dedicamos a diario a relacionarnos con el Qur’an, a leerlo, comprenderlo, preservarlo en la memoria y el corazón, ¿cuánto abrimos el corazón al Qur’an?  La respueta a estas preguntas es clave para la  verdadera transformación o beneficio que recibiremos del Qur’an.

Sí, el Qur’an es transformación, elevación y culminación para todo corazón humano que late por la gracia de su Señor, es la puerta a la morada final de la que habló el Profeta.  Para quien va al Qur’an con la mente y el corazón abiertos, anhelantes de la luz y guía de Dios, están reservadas las más altas bendiciones.

“Dios hace descender la mejor de las enseñanzas en forma de una escritura divina con total coherencia interna, que repite cada formulación de diversas formas, ante la cual se estremece la piel de los que temen a su Señor”  (Sura al-Zumar, las Multitudes, 39:23)

 


                                               LA VIRTUD DE LA GENEROSIDAD

                                                                César Domínguez

 

Dios, el Altísimo, el Todopoderoso, nos dice en el Qur’an:

“No alcanzareís la virtud hasta que no deis de lo que amáis.  Y cualquier cosa que deis, Dios la conoce” (Sura al-‘Imraan, 3:92).

Qué sencillo es este mensaje en la Palabra de Dios, el Noble Qur’an y, a la vez, qué gran verdad encierra, qué gran lección nos ofrece Dios en este verso, este signo de su majestuosidad y misericordia.  La mejor ayuda que podemos ofrecer y dar a otra persona es la ayuda desinteresada, es el servicio necesario en el momento justo, es el acto de dar por servir y por cumplir con uno de los más altos deberes de toda ley y justicia moral: servir al prójimo en sus momentos de necesidad.

Cuando uno da esperando recibir algo a cambio, uno se queda a mitad del camino en el cumplimiento de ese deber; es decir, se presta el servicio, se satisface la necesidad de la otra persona, pero no crece la fe ni la piedad de la persona que da ni de la que recibe.  Tal parece que se tratara de una simple transacción entre ambos: yo doy y tú me das, yo pongo tanto y tú pones tanto.  Así no es como crece el espíritu del creyente.  El verdadero creyente da por servir a la sociedad y por cumplir con Dios, Quien nos ha creado y nos da el sustento y la guía para caminar por esta vida en dirección a El.

Dar de lo que uno más ama, como dice este verso del Qur’an, es darse uno mismo en el acto de dar, es dar con el corazón porque uno tiene el deber de dar, porque uno no puede no dar, porque uno se siente incompleto si no da, porque uno reconoce la infinita misericordia de Dios y uno siente la obligación de responder al amor de Dios amando a los demás.  Y cuando el ser humano ama, se entrega por completo. Dar sin esperar recibir algo a cambio es confiar en la bondad de Dios, El es Quien mejor recompensa todas las buenas acciones:

“… Lo que hay junto a Dios es mucho mejor y más duradero, para los que creen y confían en su Señor … y responden a la llamada de su Señor y son constantes en la oración y tienen por norma consultarse entre sí y gastan en los demás de lo que les hemos dado como sustento” (Sura al-Shuura, la Consulta, 42:36, 38).

Aquel que entiende y es capaz de reconocer la misericordia y compasión de Dios presentes en toda Su creación, necesariamente tendrá su corazón lleno de compasión para servir a los demás, para dar de lo que más ama, para dar sin esperar recibir porque reconoce que, si tiene algo que dar, es porque Dios se lo ha concedido a él primero. El Profeta Muhammad, que Dios le bendiga y le salve, dijo en una ocasión: “Quien esté despojado de compasión, está privado de toda la piedad”.


“LAS BENDICIONES DE LA PALABRA DE DIOS”

                    César Domínguez

El Qur’an nos dice:

“Verdad que les hemos revelado la Palabra para que reflexionen.  Quienes recibieron la revelación con anterioridad, creen.  Cuando se les recita, dicen, creemos, es la verdad venida de nuestro Señor y, en verdad, ya antes de esto estábamos sometidos a Dios.  Ellos recibirán una recompensa doble por haber sido perseverantes, haber respondido al mal con el bien y haber dado de lo que les hemos provisto como sustento” (Sura al-Qasas, el Relato, 28:52-53).

Claramente, estas palabras nos hablan de la continuidad de la Palabra de Dios transmitida a la humanidad a través de todos los tiempos.  El islam, es decir, el sometimiento voluntario y ferviente a la voluntad de Dios, el Creador de todo cuanto existe, siempre ha estado presente.  La Palabra de Dios, revelada a Sus mensajeros, ha sido guía, luz, fuerza, consejo y consuelo para todas las generaciones.  Hoy tenemos el Qur’an, la culminación de todas las revelaciones de Dios, íntegro y vivo.  Aquel que cree, celebra la grandeza del Todo Misericordioso.  Y esta fe, esta devoción al Señor de los mundos, está por encima de diferencias, costumbres y formas de expresión.

El musulmán se define a sí mismo por su paciencia, su bondad y su generosidad para con el resto de la humanidad.  Así lo indica el Qur’an.  Y la recompensa a su fe y sus buenas acciones es múltiple.  ¡Bendito sea Dios por Su misericordia y Su poder infinitos!

 


 “LA INQUIETUD NATURAL”

        César Domínguez

El Qur’an nos dice:

“En verdad, el hombre ha sido creado inquieto.  Cuando le toca el mal, se desespera, y cuando le toca el bien, se vuelve mezquino.  Excepto los orantes, aquellos que son perseverantes en la oración, quienes, de sus bienes, destinan un derecho establecido a los que piden y a los que sufren privación” (Sura al-Maarish, las Vías de Ascenso, 70:19:24).

Son éstas sabias palabras del Libro de Dios.  La inquietud natural del ser humano encierra claramente un propósito positivo; es la inquietud que genera curiosidad, movimiento, búsqueda.  El libre albedrío con el que fuimos dotados decide si esa inquietud nos lleva a la superación y la iluminación o nos conduce a la pérdida, la inseguridad y la insatisfacción.  Sólo la fe en el Señor de los mundos, el Más Misericordioso, nos guiará hacia la luz y la seguridad, signos naturales del verdadero creyente.

La única salida a la desesperación y preocupación frecuentes (signos de aquellos que son débiles en la fe o carecen de ella) es el acercamiento constante, decidido, sincero al Todopoderoso.  Y sabemos que la mejor forma de acercarse a Dios es a través de la oración, esa forma de adoración al Creador Supremo que El mismo nos enseñó y cuyo mejor ejemplo encontramos en el Profeta Muhammad, que Dios le bendiga y le salve.

La purificación del corazón a través de la oración constante nos acrecienta en consciencia de Dios y en la consciencia social de procurar el bien común, que es reconocer que alguien más que uno mismo tiene un derecho sobre lo que uno posee, un derecho establecido por la ley de Dios, como lo dice el Qur’an.


“EL ISLAM DE HOY”

  César Domínguez 

Alabado sea Dios, el Todo Misericordioso, el Compasivo, quien nos ha creado y nos ha dado el mundo de su creación para vivir en él, quien ha revelado su Palabra, el Qur’an, al Profeta Muhammad, que Dios le bendiga y le salve, guía para todos aquellos que son conscientes de Dios.  En la sura al-Máida, el Agape, no. 5, verso 48, se nos dice:

“A cada uno de vosotros le hemos asignado un camino y un método propios.  Si Dios hubiera querido, habría hecho de vosotros una única comunidad, sin embargo, lo ha hecho así para poneros a prueba en lo que os ha dado.  Competid, pues, en las buenas acciones.  Todos habéis de volver a Dios, quien os hará saber la verdad de aquello sobre lo que no estabáis de acuerdo” (48:3)

En la sura al-Hujurát, los Aposentos Privados, no. 49, verso 13, leemos:

“Gentes, os hemos creado a partir de un varón y una hembra y os hemos hecho pueblos y tribus distintos para que os reconociérais unos a otros.  En verdad el más noble de vosotros ante Dios es el más consciente de El” (49:13).

Hay un profundo mensaje que aprender en estos versos.  En primer término, Dios asigna un camino a seguir para cada ser humano en esta vida.  Todos procedemos de Dios y a El habremos de regresar; pero es el designio de Dios que este camino no es el mismo para todos.  El Qur’an también afirma que Dios ha creado a la humanidad en una multiplicidad de colores y lenguas, con diversas características y capacidades, cada una de acuerdo a la misión que todo individuo debe cumplir a su paso por esta vida.

La misión de la primera comunidad de musulmanes fue contruir la nación del islam, erradicar los males del politeísmo y la avaricia y transmitir el mensaje de sumisión al Dios Unico.  El Profeta Muhammad fue el Mensajero de Dios a quien se le reveló el Qur’an, guía para todos los conscientes de Dios.  El día de hoy, catorce siglos después, los musulmanes siguen construyendo, con la gracia de Dios, la umma, la comunidad del islam, dándole fuerza y valor, creciendo y abriéndose al resto de la humanidad.

Estos dos pasajes del Qur’an también afirman que la diversidad es parte del plan de Dios para la humanidad: diferentes naciones y tribus, diferentes caminos.  Esta diversidad no sólo incluye la diferencia de razas y credos, sino también la diferencia de opiniones y maneras, incluso dentro de una sola comunidad: una diversidad que es resultado natural del paso del tiempo.

La comunidad mundial del islam está compuesta por gentes de muy diversos orígenes étnicos, culturales y sociales.  La fuerza de esta comunidad radica precisamente en su diversidad y en su esfuerzo incluyente: el islam une, no separa.  El islam actual en Occidente no es únicamente el islam de inmigrantes procedentes de países de mayoría musulmana de Asia y Africa y sus descendientes, es el islam de las nuevas comunidades: un islam vivo, original, verdadero.

El islam crece rápidamente en la comunidad de habla hispana en el sur de California, la cual en Los Angeles y comunidades vecinas comprende aproximadamente la mitad de la población.  En ésta, nuestra comunidad, necesitamos el islam del Qur’an y las enseñanzas auténticas del Profeta Muhammad, el islam de la herencia clásica del conocimiento y la sabiduría.  También necesitamos el islam que responde a nuestras situaciones actuales, las que vivimos aquí, ahora, en el mundo occidental, el islam que nos habla directamente al corazón en nuestra lengua, el islam que comprende y eleva nuestras propias culturas y tradiciones.  El islam del futuro es el islam que conecta el pasado y el presente, que hace honor a la universalidad e intemporalidad del mensaje del Qur’an, palabra de Dios, y las enseñanzas del Profeta Muhammad, que Dios le bendiga y le salve.